Pablo Fúster
Bolas de Golf Fuera de Uso (BOGOFU). Un proyecto de la Universitat Politécnica de Valencia y la compañía de gestión de residuos Ecocidi Recursos. «El objetivo es convertir un residuo invisible en un recurso, integrándolo en un modelo de economía circular real y aplicable en instalaciones deportivas», explica Ricardo García, socio fundador de Ecocidi, en una entrevista con EFE.
Un impacto también sectorial, «posicionando la bola rota como el residuo clave de un campo de golf».
Pregunta: ¿Cómo definiría BOGOFU y en qué consiste su programa circular?
Respuesta: BOGOFU es una iniciativa centrada en dar solución a un residuo que hasta ahora no se estaba gestionando de forma específica en el golf: la bola de golf rota o fuera de uso.
Nuestro programa circular consiste en cerrar el ciclo de este material dentro del propio entorno del golf. Para ello, implantamos en los campos un sistema de recogida selectiva de bolas fuera de uso, que posteriormente son tratadas y transformadas en nuevos productos que se reincorporan al campo o al propio ecosistema del golf.
El objetivo es convertir un residuo invisible en un recurso, integrándolo en un modelo de economía circular real y aplicable en instalaciones deportivas.
P: ¿Cuál es el origen de BOGOFU y cómo surge el desarrollo?
R: El proyecto surge a partir de la detección de un vacío claro en la gestión de residuos dentro del golf. A pesar del alto volumen de bolas que se generan cada año —entre 800 y 1.200 millones a nivel global—, no existía una solución específica para aquellas que quedan fuera de uso o rotas.
A partir de ahí, en colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia y el Campo de Golf de El Saler (Paradores), se empieza a trabajar en el desarrollo de un sistema que permita tanto la recogida como la valorización de este material.
BOGOFU nace de esa combinación entre necesidad real, desarrollo técnico y aplicación directa en campo. Cuenta además con una protección como modelo de utilidad que reconoce el carácter innovador del proyecto.
El Saler, campo piloto
P: ¿Qué papel tiene El Saler?
R: El Campo de Golf de El Saler (Paradores) ha sido un entorno clave en el desarrollo del proyecto. Al actuar como campo piloto donde se ha podido validar la solución en condiciones reales.
Allí se ha trabajado tanto en el análisis de la reciclabilidad del material como en el desarrollo de los sistemas de recogida más adecuados y en las primeras aplicaciones de transformación. Lo que permite comprobar la viabilidad operativa del modelo dentro de un campo de alto nivel.
Su implicación ha sido fundamental para pasar de una idea a una solución aplicable en el sector.
Además, el campo está siendo también un entorno clave para avanzar en la concienciación del golfista, que durante años ha asumido que la bola de golf no tenía un proceso de reciclado.
En este sentido, los elementos implantados en el campo y los productos desarrollados a partir de este material actúan como herramientas de sensibilización directa. Se hace visible un proceso que hasta ahora no existía para el jugador. Pasa a entender que el simple gesto de depositar la bola en el contenedor adecuado forma parte de un proceso real de reciclado dentro del propio golf.
Tratamiento y transformación
P: ¿Cómo es el recorrido completo de una bola dentro del programa?
R: El proceso comienza con el propio gesto del jugador, que deposita la bola fuera de uso en el contenedor específico.
A partir de ahí, el campo va almacenando el material de forma selectiva hasta su recogida y traslado a planta.
Una vez en planta, las bolas se someten a un proceso de tratamiento y transformación. El material resultante se utiliza como materia prima para fabricar nuevos productos que se reincorporan al entorno del golf, tanto en el propio campo como para el golfista, cerrando así el ciclo dentro del propio sector.
P: ¿Qué adaptación requiere y qué coste supone?
R: La implantación del sistema en un campo es sencilla y no requiere grandes cambios operativos. Se basa en la instalación de puntos de recogida específicos y en la integración del flujo de recogida dentro de la operativa habitual del campo.
Además, el modelo se ha diseñado para minimizar la barrera económica. Se plantea no como un coste añadido, sino como una forma de generar valor a partir de un residuo que hasta ahora no se estaba aprovechando.