Por Juan José Lahuerta.
Hubo un tiempo en el que España se detenía frente al televisor para acompañar a Pedro Delgado y Miguel Induráin en el Tour. Aquel ciclismo sin pinganillos, de ataques lejanos y héroes sobre ruedas tenía sus propias costuras, las de la firma guipuzcoana Etxeondo, que casi cuatro décadas después vuelve a encontrarse con el equipo al que ayudó a escribir páginas memorables del deporte español.
Fundada en 1976, Etxeondo celebra su medio siglo de vida con el regreso a la estructura que conoció como Reynolds, acompañó en su transformación en Banesto y hoy compite como Movistar Team. A partir de 2027, sus prendas volverán a vestir a los herederos deportivos de Delgado e Induráin.
La historia comenzó lejos de los podios de París. Los fundadores de Etxeondo, Francisco Rodrigo y María Jesús Uranga, se conocieron trabajando en una empresa vinculada a Balenciaga. Emprendieron su aventura en un caserío de Amasa-Villabona (Guipúzcoa) llamado Etxeondo, donde, según recuerda a EFE Álex Higuera, responsable de mercadotecnia de la compañía, todavía había una vaca. Aquel recinto dio nombre a la firma.
En 1983 comenzaron a vestir a equipos profesionales y, cinco años después, Pedro Delgado conquistó el Tour con el maillot del Reynolds. En 1991, Miguel Induráin ganó con el Banesto el primero de sus cinco Tours consecutivos.

«En ese momento, en 1988, Etxeondo tenía doce años. Una vez que estás en el Tour y ganas, todo cobra otra magnitud. Luego venían muchos equipos a tocar la puerta, porque no era sólo el hecho de que Perico llevara tu ropa. Se hablaba de que iba muy cómodo, que cuando llovía le aguantaba y que en invierno no pasaba tanto frío como los demás», explica Higuera.
El pasado sigue en las paredes
Aquellos corredores tampoco han desaparecido de las paredes de Etxeondo. Fotografías y maillots históricos conviven con las prendas actuales. «Como todos los días con una foto de Induráin celebrando una etapa en el Tour, creo que en Luz Ardiden«, relata Higuera, que también contempla una imagen en blanco y negro de Ángel Arroyo sobre la bicicleta.
La relación con Banesto terminó en 1992. Etxeondo siguió en el pelotón con equipos como ONCE, Euskaltel-Euskadi, Kern Pharma o Cofidis, mientras aquella estructura evolucionaba hasta convertirse en Movistar.
También cambió el negocio. Higuera recuerda que en los noventa un patrocinio podía amortizarse vendiendo equipaciones. Hoy los aficionados prefieren otras colecciones, aunque las reediciones de los maillots de Reynolds y Banesto demostraron que la nostalgia todavía vende.
Hoy los aficionados prefieren otras colecciones, aunque las reediciones de los maillots de Reynolds y Banesto demostraron que la nostalgia todavía vende.
Obsesión por cada milímetro
El reencuentro nació de los contactos entre Iván Velasco, del equipo Movistar, y Aimar Zubeldia, de Etxeondo. Las conversaciones comenzaron en Barcelona, antes del Tour, y desembocaron en un acuerdo que Higuera define como «amor a primera vista«, aunque ambas partes ya se conocían.
La alianza ofrece visibilidad internacional y, sobre todo, acceso a un laboratorio de máxima exigencia: los corredores profesionales. Sus observaciones ayudan a perfeccionar prendas que después llegan al consumidor.
«Al equipo de diseño le interesa mucho estar ahí. Tienen una manera de trabajar superprofesional y son supermeticulosos en todo. Quieren probar que la manga sea la más aerodinámica, que el buzo de contrarreloj sea el más aerodinámico, que la chaqueta abrigue y no pese. Es todo llevado al detalle. Eso nos viene perfecto», explica.

«Al equipo de diseño le interesa mucho estar ahí. Tienen una manera de trabajar superprofesional y son supermeticulosos en todo».
Con Cofidis, Etxeondo ya probó buzos de contrarreloj en un velódromo junto al francés Benjamin Thomas. Según Higuera, uno de sus modelos obtuvo el segundo mejor resultado entre 19 prendas analizadas a 45 kilómetros por hora.
«Aquí están discutiendo porque la badana tiene que ir dos milímetros más adelante o más atrás. De tejidos saben muchísimo y necesitamos del ciclismo profesional para eso. Luego al cliente también le gustan las cosas del ciclismo profesional y hay que saber aplicarlo para llevarlo al mercado«, añade.
La distancia entre los maillots holgados de los ochenta y las prendas actuales es enorme. Sin embargo, la fabricación conserva su carácter artesanal. En Irura (Guipúzcoa) se diseñan, cortan y estampan las piezas; en Castejón (Navarra) se ensamblan y las badanas se colocan a mano, una a una.
Allí se mantienen personas que cosieron culotes para Induráin. «Hay gente que lleva toda la vida trabajando», recuerda Higuera.
Casi cuatro décadas después, las bicicletas son otras, los tejidos apenas se parecen y el ciclismo ha cambiado de piel. Sin embargo, algunas de las manos que vistieron a Induráin o a Perico siguen allí, mientras las viejas costuras de Reynolds y Banesto se preparan para escribir otro capítulo.